Posted by ilsaziur on Wednesday, March 17, 2010 Under: lenguaje
La gente a veces usa palabras que demeritan lo que significan. Tienen brazos delgados y débiles que no encierran bien el significado que quieren abrazar. O que la gente quiere que abracen.
Hace poco me dijeron una palabra así. Pretendía expresar la desilusión, la incredulidad, la vergüenza de sentirse engañado, la remoción de la tierra bajo mis pies. Pero era una palabra idiota. Una palabra mediocre para describirlo todo. Una palabra que por su intento falaz y ridículo resulta ofensiva, ahora que la veo desde este momento.
Finalmente mi conclusión es que lejos de ser eufemismos (ya no hay mucha gente que invente verdaderos eufemismos), las palabras a las que me refiero, son como insultos a la inteligencia. Pero, claro, no importa mucho si no hay nadie allá afuera que se sienta insultado más que yo. Sólo me importa mucho a mí. Sobre todo cuando viene de donde menos me lo espero.
Yo me tardo en decidir, en escoger las palabras. Y aún al escoger no siempre me siento satisfecha. Balbuceo mucho, me frustro, me desespero, no me puedo explicar. Podría explicarme con palabras vacías, pero quiero decirlo todo con el peso que merece, con la palabra justa (aclaro para los no tan sabedores que me refiero a "justa" con todo su peso significativo). ¿Quién hace eso ya? La gente está patológicamente impaciente por decir estupideces. Y decir muchas. Más que los demás. El tiempo me ha enseñado a mirar. A veces me ha enseñado a callar. Creo que es una relación que tengo con el lenguaje que viene de una comprensión de lo imperfecto que es, de los abismos que abre entre la gente y de que en realidad todos hablamos para nosotros mismos.