Sí, sí. Es otro de esos posts post-ToyStory3. No creo que alguien, niño o adulto, se haya quedado impávido ante la situación que se presenta. ¿Dónde están mis juguetes? Todos. Todos los juguetes que he tenido en mi vida. Peor tantito si tuvimos alguno de los que salen en la película (yo tenía uno como el teléfono delator).

Y entra la nostalgia que casi parece químico cerebral controlado por alguna glándula sentimentalista. Nos parece que antes nada era como ahora. Mucho está en definir qué es "antes". Antes cuando éramos chiquitos (por supuesto que todo lo que escribo siempre está sólo dirigido a los niños de los ochentas como yo, los demás si se sienten aludidos, no respondo). Cuando la televisión hacía sentido en tu vida y de vez en cuando hasta te ayudaba a resolver problemas. Antes cuando podías salir a la calle a jugar al parque después de las 6 sin que se hubiera instituido un toque de queda informal. Antes cuando la burbuja en la que vivíamos era extremadamente difícil de romper y aún reventada, volverla a inflar era cosa de una fortaleza que no nos era ni extraña ni difícil.

Y luego con otro tipo de ansias nos ponemos a extrañar tiempos que no vivimos. Nos sentimos cerca de los logros de gente que no conocimos y añoramos las circunstancias de tiempos que sólo pudimos ver en libros. Y, dentro de lo que yo sé, en esas épocas siempre también hay alguien renegando de ese momento y buscando con ojos vidriosos un lugar en la historia en la que quizás podrían sentirse más cómodos y comprendidos. En el Google Buzz, Siouxie Sioux puso esta cita:

Now that anyone is free to print whatever they wish, they often disregard that which is best and instead write, merely for the sake of entertainment, what would best be forgotten, or, better still be erased from all books.
Niccolò Perotti (1471)

A las pruebas me remito. Y no hay cierre, no hay conclusión. Seguiremos así, creciendo hacia atrás, buscando en otros tiempos lo que sentimos que nos debe el que vivimos. Como si el patio de hace siglos pudiera tener pasto más verde que el que tenemos nosotros ahora. Y como si viajar en el tiempo fuera mejor solución que ser mejores jardineros.

- - -

En otras noticias, la muerte de Carlos Monsiváis, la verdad, me tiene sin cuidado con sólo muy pequeñas excepciones. Una de ellas es sus gatos. Hay todo un revuelo y, como siempre, me mortifica que las mascotas no encuentren a sus dueños.

Cuando llego a mi casa, sólo tienen que tintinear las llaves un poco para que mi gato ya esté lloriqueando. Al entrar no puedo hacer mucho más que dejar mis cosas, cambiarme de ropa, acostarme en la cama y dedicarme completamente a él hasta que decide que ya fue mucho y se va a comer. Después de eso, soy libre para hacer lo que me plazca.

Muchas veces he pensado en mi gato si un día tuviera un accidente y no pudiera llegar a mi casa esa noche. O ninguna otra noche. Me entristece pensarlo esperando. Casi me vuelve loca pensar que se le acabe la comida y el agua, que nadie lo acaricie ni juegue con él. Podrá ser juzgado como sea y, la verdad, no me importa en lo más mínimo. Finalmente, no creo que quepa duda de que amo a mi gato.